Arte popular y artesanías de México
Por Eduardo Garduño *
La necesidad de expresión, el arte, es inherente al ser humano. El arte popular y las artesanías, tan inmediatamente humanas, han sobrevivido y pervivirán al lado de la producción industrial. En la actualidad, la difusión mundial de nuevas tecnologías electrónicas y sistemas de producción origina situaciones adversas al fortalecimiento de las artes populares y los oficios artesanos, y el que estos se encuentren en un tiempo de decadencia hacia su desaparición.
La historia registra otros momentos en los que se ha alertado sobre la crítica situación del artesanado mexicano frente a los avances tecnológicos. Durante la segunda década del Siglo XX cuando, al parecer México ocupaba el tercer lugar en el mundo, después de Japón y de China, como país productor de artículos artesanales, ya se hablaba de las condiciones geográficas y políticas que permitían la acelerada penetración de productos industriales y tecnologías que volvían inoperantes los oficios populares.
También en el inicio de esa década, con una gran Exposición de Arte Popular, se realizó el reconocimiento oficial de que "el arte en México había tenido manifestaciones importantes y que una de estas era el arte del pueblo..." Este descubrimiento del arte popular mexicano tuvo sus precedentes en las publicaciones del benemérito Antonio Peñafiel, sobre indumentaria antigua mexicana, cerámica y loza de talavera, y en la instalación de ricas salas de etnografía en el entonces Museo Nacional de Arqueología.
Aquella exposición y la publicación simultánea del libro Las artes populares en México inspiraron el auspicio de la Liga de las Naciones al Primer Congreso Internacional de Artes Populares, reunido en la ciudad de Praga. Doce años después, en 1940, se celebró en Pátzcuaro el Primer Congreso Indigenista Interamericano, que daría origen a la creación del Instituto Indigenista Mexicano. A mediados del siglo, este instituto junto al de Antropología e Historia, crearon el Patronato de las Artes e Industrias Populares, que jugó un importante papel en la protección y fomento de estas artes. Hacia 1955 se realizaron los primeros estudios socioeconómicos dirigidos a sentar las bases para una política de asistencia económica a las artesanías y las artes populares. En enero de 1969 se reunió en la Ciudad de México el primer Congreso Nacional de Artesanía que dio por resultado, en 1970, la creación del Consejo Nacional para las Artesanías, con un centro de ventas llamado Palacio de las Artesanías.
Posteriormente se creó la Dirección General de Arte Popular y el Fondo Nacional para el Fomento de las Artesanías. Con una perspectiva más amplia, la primera fue sustituida por la Dirección General de Culturas Populares y dentro de ésta se formó el Departamento de Artesanías, para abocarse a tareas urgentes como el levantamiento del Censo de Artesanos y el Inventario de Productos; era necesario que estas acciones se realizaran periódicamente para contar con documentos actualizados que sustentaran la aplicación de políticas en el ramo.
Los más distantes antecedentes de estos esfuerzos por detener el deterioro de las condiciones socio-económicas de los artesanos y evitar la pérdida de una parte importante del patrimonio cultural de México, se remontan a los inicios del Siglo XIX, que vio la muerte de los gremios y las cofradías en virtud de la libertad de trabajo, la libre importación de productos y la incipiente industrialización. En lugar de estas organizaciones surgieron hermandades, asociaciones mutualistas, cooperativas y organizaciones profesionales. Los artesanos indígenas no se agrupaban gremialmente y conservaron sus propias formas de organización socioeconómica.
Entonces se constituyó la Junta de Fomento de Artesanos, que contó con una publicación especializada llamada Semanario Artístico. Esta Junta, en respuesta a los problemas de comercialización artesanal, fundó las Juntas Patrióticas, que tenían entre sus objetivos el consumo exclusivo, por parte de sus miembros, de productos de nuestra artesanía.
Hoy, día en el que la acción institucional se muestra desarticulada y carente de estudios sistemáticos y objetivos precisos; ante la situación de pobreza económica en la que vive la mayoría de los artesanos, la pérdida paulatina de calidad en los materiales y diseños, en la calidad de vida, conocimientos y referentes culturales que fueron herencia de la tradición artesanal mexicana.
*Eduardo Garduño es artista plástico.
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Actualizado ( Miércoles, 10 de Junio de 2009 14:29 )









