La miel, elixir de la juventud.
Por Jackie R. Ibarra*
La miel de abeja desde tiempos muy remotos es considerada atributo de los dioses, un manjar para el paladar exquisito y alimento natural para el cuerpo. Nuestra cultura ha heredado de nuestros antepasados el gusto y respeto por la abeja y su miel.
Entre los mayas de la Antigüedad, por ejemplo, las abejas fueron insectos muy preciados; aún en la actualidad, en la península de Yucatán, se cree que la cera tiene gran fuerza como ofrenda por ser atributo de los dioses. El dios maya Ah Muzenkab es el patrón de las abejas y el que protege la miel. A Ah Muzenkab, representado con una figura antropomorfa colocada hacia abajo y con rasgos de abeja, se le identifica con uno de los cuatro hermanos que están encargados de sostener la Tierra y su culto se hizo muy frecuente en el oriente de la península de Yucatán, este espíritu todopoderosos aún está vigente entre nosotros. El espíritu de la colmena, prudente, sigue paso a paso las circunstancias todopoderosas del dios que la protege. Como un esclavo inteligente sabe sacar partido de las órdenes más peligrosas de su amo, dispone implacablemente de las riquezas, la felicidad, la libertad y de la vida de todo un pueblo alado.
Una de las mieles más preciadas es la que nos brinda el estado de Yucatán; sin embargo, son varios los estados de la República donde el cultivo de abeja es fructífero a nuestro paladar y olfato, porque aunque apenas perceptible a nuestro sentido, el aroma de la miel define la flor que le dio origen. No cualquier terreno es propicio para la apicultura, sino sólo aquel que es rico en árboles melíficos, y Morelos y Veracruz, por ejemplo, son estados donde abundan la flor y los árboles frutales.
A principios del siglo XX los trabajadores de miel Carlota, ahora tan conocida y comercializada, enseñaron el cultivo de la abeja a la gente de los alrededores de Jilotepec, Morelos, entre ellos al suegro de doña Odilia Rodríguez, quien ahora es una de las representantes de Miel Los Volcanes; pequeña empresa de cinco familias, donde todos trabajan para un mismo fin, el cultivo apícola.
El valor nutricional y su exquisito sabor hacen de nuestra miel mexicana, un producto de gran aceptación y demanda en nuestro país y en el extranjero. Y para su divulgación, cada año en el Museo Nacional de Culturas Populares hay una exposición donde apicultores de varios estados de nos instruyen en los beneficios de la miel, en el quehacer apícola y ponen a nuestro alcance todos los productos nutricionales, como la miel, la jalea real, el polen, el propóleo, y también productos cosméticos elaborados a base de miel y jalea real sobre todo, como cremas, shampos, jabones, y hasta golosinas como mermeladas y dulces.
A lo largo de la historia, se ha escrito sobre las abejas, también se han realizado estudios científicos sobre la miel en los que se ha probado la riqueza que ésta tiene en cuanto a minerales, vitaminas y aminoácidos. Sin embargo, no tuviéramos ninguno de estos beneficios sino fuera por el trabajo metódico y paciente del apicultor, quien tras largas jornadas de trabajo trae hasta nosotros el dulce sabor de la miel y el sutil aroma de las flores y los frutos que la alimentan, como la manzana, el durazno, el naranjo y la flor de casahuate, esta última muy preciada por dar a la miel un toque especial en su aroma y color.
El cultivo apícola requiere sumo cuidado, paciencia, fuerza y destreza. Es un trabajo sin horario fijo, apenas el sol regala sus primeros rayos de luz es el momento de ir al campo a revisar la cría, a poner nuevos panales, a revisar que no halla reinas zanganeras en la colmena, empresa muy importante porque de ello depende que la colmena sea o no fructífera para la miel. La reina zanganera cría sólo zánganos, y al no haber obreras la cosecha empobrece.
La apicultura tiene sus propias leyes y una de las más importantes es aquella que dice que cada apiario debe estar separado entre sí de uno a tres kilómetros de distancia, distancia que recorre la obrera al salir a buscar flor, evitando la cercanía de los apiarios se evita el pillaje. Cada familia apícola la integran tres miembros esenciales, la reina, la obrera y el zángano.
Sólo hay una reina por cada colmena. Su principal tarea es poner huevos para que nazcan nuevas obreras. Días después de su nacimiento, la reina sale para ser fecundada por los zánganos, ésta deposita un huevo en cada celda y si el huevo no es fecundado dará un zángano, si sí una obrera.
Los zánganos nacen de huevos sin fecundar y son de mayores dimensiones que la obreras. L as obreras son las verdaderas trabajadoras de la colmena, desde que nace una obrera va pasando por distintas tareas: hace cera, limpia, alimenta, cuida, y son pecoreadotas, es decir, son las que van en busca de la flor, pican y llevan néctar a la colmena.
El gusto y preferencia por la miel no sólo se debe a su exquisito y único sabor, el cual, una vez que hemos crecido con el sabor del azúcar en nuestros postres y bebidas el de la miel se vuelve extraño al paladar, sino también es una preferencia por su valor nutricional. La miel alimenta nuestro organismo, es rica en vitaminas, minerales, aminoácidos, ayuda de manera integral al desarrollo del ser humano. Pero no sólo la miel sino otros productos como el propóleo, la jalea real y el polen son importantes en nuestra vida diaria.
La jalea real, alimento de la abeja reina, es el elixir de la juventud. La abeja reina tiene un promedio de vida de cinco años mientras la obrera sólo de algunos meses. La jalea real es una sustancia que secreta la abeja joven y que sirve de alimento a la reina. Para nosotros, la jalea real es un energizante que revitaliza y fortalece el organismo.
Otra de las maravillas generada de la colmen es el propóleo, que en realidad es una resina que la abeja recoge de ciertos árboles y la utiliza para calafatear y consolidar su casa, o bien para cubrir animales que mueren dentro de ella, al cubrirlos con propóleo los momifica. El propóleo que se vende para nuestro consumo es la raspadura de esta resina y a la que se le pone un poco de alcohol. El propóleo es un antibiótico natural que recomiendan para prevenir enfermedades de las vías respiratorias principalmente.
El polen, pequeñas perlas amarillas, es fundamental en la alimentación de las larvas y en la nuestra por tener un alto índice proteíco.
Entre muchos otros productos, de los cuales hay una amplia gama de beneficios medicinales como cosméticos, consideramos mencionar el veneno de la abeja o la apitoxina, que se produce en las glándulas situadas en la parte posterior del último segmento abdominal de la abeja y que tiene gran poder antiartrítico.
La miel también tiene un gran poder sensual porque llega a nosotros a través de casi todos los sentidos: el gusto, el tacto, la vista y el olfato. Reconocer la calidad de la miel no es tan difícil. Ésta depende ante todo de que no sea adulterada con glucosa. Cuando no hay flores a los alrededores del apiario, se trasladan las abejas a otras zonas melíferas para no tener que alimentarlas de azúcar y así evitar que la miel se vuelva acaramelada y casi transparente.
El sabor y el color de la miel dependen del tipo de flor donde la abeja recolectó la miel y el néctar, así que es normal ver distintas tonalidades en el color de la miel algunas más oscuras que otras. En ocasiones creemos que cuando la miel se cristaliza ya está adulterada y preferimos cambiarla, pero no, la miel cristalizada significa que está baja en humedad, humedad que le proporciona el ambiente, así en lugares como Mérida o Veracruz que son muy húmedos, la miel retendrá más humedad y su consistencia será más suave y al servirla el hilo será largo y continuo.
La cultura apícola es parte también de una tradición oral y literaria, se han escrito fábula, refranes y versos sobre nuestra amiga la abeja, y para dar cierre a nuestra colaboración los invitamos a leer algunos de estos textos.
PANAL
Le pedí miel al naranjo
y el naranjo contestó:
-Yo no soy panal;
que naranjo soy.Le pedí miel al tomillo
y el tomillo contestó:
-Yo no soy panal;
que tomillo soy.Le pedí miel al romero
y el romero contestó:
-Yo no soy panal;que romero soy.
Con qué generosidad,
además de darme miel,
en su miel me dio el panal
algo de tomillo,
algo de romero,
algo de azahar.Manuel Benítez Carrasco
Por catar una colmena
cierto goloso ladrón,
del venenoso aguijón
tuvo que sufrir la pena.
La miel, dice está muy buena,
es un bocado exquisito;
por el aguijón maldito
no volveré al colmenar.
¡Lo que tiene el encontrar
la pena tras el delito!"El ladrón", de Félix María Samaniego
* Jackie R. Ibarra es candidata a la Maestría en Letras Mexicanas por la UNAM.
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Actualizado ( Viernes, 29 de Mayo de 2009 07:21 )









