Las velas de mayo en Juchitán
Por Fernando García Álvarez
Me escondí en una cantina que se mecía en los primeros minutos del ocaso, mi sed de náufrago irresponsable no permitiría mayores concesiones, así que tomando cartas en el asunto después de navegar a través de la implacable luz de Juchitán, mis ojos se mojaron en las marismas de la fresca oscuridad de una cerveza, que dicho sea de paso poseía la milagrosa capacidad de la multiplicación. Así fue como en una leyenda antigua, la noche me sorprendió entre la majestuosa sonoridad de la lengua zapoteca de la que casi todos vestían sus galas. Y esto era sólo el principio del viaje.
Fue el Jueves 26, el viernes 27 y el sábado 28 de mayo que invitado por la poeta Irma Pineda (que tiene la asombrosa costumbre de enamorarse de los árboles) participé felizmente de las dos velas de San Vicente y la de Cheguigo, a las cuales llegué, según la tradición nos demanda a los hombres, orgulloso en mi cristalina guayabera blanca con elegante pantalón negro y desposado de una caja de cervezas como ofrenda a los dioses de los orígenes del tiempo.
Cualquier descripción que yo pudiera hacer del esplendor, la belleza y elegancia de las juchitecas palidecería ante la realidad, así que para no faltar a la verdad y en legítima defensa propia diré que tal vez las palabras pierden todo sentido para quienes como yo, por primera vez nos es revelada la existencia de un paraíso fantástico que creímos perdido en los márgenes de la historia.
Por último sólo agregaré que soy fotógrafo porque la poderosa fuerza de lo auténtico como un gran campo magnético me atrapa en el vórtice de sus corrientes y siempre me hace enmudecer, mas ahí están las fotos y la cámara no miente.
Ensayo fotográfico Las Velas de mayo en Juchitán de Fernando García Alvarez.
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Actualizado ( Jueves, 11 de Junio de 2009 08:10 )









