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Los huaraches de Don Miguel

Por Jackie R. Ibarra*

Huarache de llanta de cuatro correas.

Canción popular

Los Huaraches de Don Miguel En Sahuayo, Michoacán hay varios talleres donde se fabrica calzado tipo huarache, un zapato cómodo, de piel natural y hecho de manera artesanal. Aunque se han integrado nuevos materiales y nuevos modelos a lo que fue por mucho tiempo el calzado de trabajo en el campo éste sigue siendo un producto artesanal. Varios factores han hecho que este grupo de artesanos amplíen sus perspectivas de producción, ante todo por la competencia de productos que viene del extranjero a precios muy bajos pero también de menor calidad.

El señor Miguel Igareda Téllez trabaja en su taller desde hace casi una década aproximadamente. El trabajó y aprendió este oficio de su abuelo, el papá de su mamá, y de sus tíos con quienes empezó a trabajar desde los 8 años. Su abuelo se dedicaba a hacer huarache típico, aquel que es de pura correa y de suela de vaqueta o de llanta y usaban los hombres para ir a trabajar la tierra.

La introducción al país de zapato chino obligó a estos artesanos a buscar diseños nuevos y más modernos, utilizando figuras en lugar de correa, combinando colores y diseños. Ahora se fabrica todo tipo de calzado, sandalias para caballeros, para damas y niños. El señor Miguel Igareda trabaja por pedido; la venta es por lote a mayoristas, entre 12 y 15 pares de zapatos lleva un lote, generalmente la venta es a Jalisco, al Distrito Federal, Sinaloa y Colima, incluso algunos parientes han llevado sus zapatos a Estados Unidos.

Originalmente el material del huarache típico es la correa de vaqueta y la planta o suela es también de vaqueta o de hule de llanta. Ahora se sigue utilizando vaqueta pero la suela es de plástico u otro material derivado del petróleo. Un centro peletero que está en mismo Sahuayo se encarga de vender el cuero y el plástico para las suelas.

A veces cuando no dejan reposar el cuero lo suficiente cuando lo curten, le nombran dejar muy crudo. Y entonces pierde flexibilidad, este cuero más macizo sería para los huaraches que se utilizan para el trabajo en el campo porque es más resistente.

Un par de zapatos, según el modelo, lo hacen en un promedio de media hora. A la semana podrían sacar entre tres personas aproximadamente 250 pares de zapatos. Sin embargo no hay la posibilidad de contratar más empleados por la falta de apoyos económicos y créditos a los pequeños productores y para una sola persona es un trabajo muy pesado.

La vaqueta la entregan lista para trabajar. Ésta la reciben ya curtida, la compran en hojas enrolladas, cada rollo de vaqueta es por medida, lo forman diez hojas de entre 1.80 a 2.00 metros. Una vez que tienen la vaqueta empiezan a sacar la correa, para encarrillar o tejer el huarache, hay que rebajar la tira de vaqueta para poder tejerla. Las hojas de vaqueta son generalmente negras, marrón o naturales, así que el calzado puede llevar uno o más colores combinados. En el huarache típico la suela va cosida, en los nuevos modelos la suela va cosida por encima y ensamblada después al huarache.

Tienen varios moldes, algunos son de lámina y puestos sobre la piel se van cortando con segueta, otros moldes son puestos sobre la piel y aplican presión manualmente en una suajadora con la que se realizan los cortes, uno por uno, buscando la forma de cortar y aprovechar toda la hoja de piel. Todas estas máquinas son hechas en México.

Terminado el huarache lo horman, lo ensuelan y ponen el tacón, se calienta en un horno y se pega a presión para que quede bien sellado.

La piel debe tener flexibilidad, las figuras grabadas en el diseño deben quedar limpias, sin manchas ni raspaduras; es entonces que el producto está listo para su venta, porque el huarache hecho en Sahuayo es famoso desde siempre por su comodidad y calidad a prueba del uso rudo en labores agrícolas.

Sin huaraches serían imposibles las imágenes históricas del campesino levantado en armas en la revolución, el joven soldado federal llevado en leva, la mujer indígena en el mercado ofreciendo sus productos o las movilizaciones sociales de los años cuarentas.

Los huaraches son sinónimo de lo popular, siguen siendo el poderoso nexo de nuestra identidad ligada al campo, a nuestras luchas por la independencia del país y sus reivindicaciones sociales, motivo de canciones y representaciones en la gráfica, símbolo de lo mexicano en el imaginario colectivo que reza en el refrán "cuates, los huaraches; y ni se hablan".

Fotos de Taller Artesanal de Huarache en Michoácan, Autor Jackie R. Ibarra

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